miércoles, 30 de enero de 2008
martes, 22 de enero de 2008
Los informáticos contamos empezando por 0
A veces tengo que llamar a un servicio técnico que funciona de la siguiente forma: llamo, digo quién soy, qué problema tengo y a continuación me validan una contraseña que nos han asignado. Por seguridad (no es muy recomendable decir la contraseña en voz alta rodeado de gente), en vez de pedirme la contraseña completa, me piden sólo algunas letras o cifras de la misma: "por favor, dígame las posiciones 1, 6 y 7 de su contraseña".
La primera vez que llamé no fui capaz de decirle las letras que me pedía hasta el tercer intento por lo menos. ¿Qué pasó?
Sencillo: estaba contando los caracteres como si estuviese programando, empezando por 0.
Normalmente, procederíamos así a la hora de contar (en la línea de arriba, la palabra, en la de abajo, la numeración o posiciones):
Sin embargo, un programador contará así:
Casi todos los lenguajes de programación y sistemas siguen este esquema: empezar a contar desde cero. ¿Por qué se hace de esta forma tan poco intuitiva?
La razón que me parece más sencilla es la siguiente: el número 0 también contiene información.
Cuando utilizamos los números naturales para contar empezamos con el 1 porque el 0 no tiene significado: si no hay nada que contar, no contamos. Si hay algo que contar, empezamos por la unidad: "una manzana, dos manzanas, ..."
Sin embargo en los ordenadores cuando contamos en realidad lo que estamos es enumerando direcciones o posiciones.
Vamos a ver un sencillo ejemplo:
Supongamos que tenemos una ínfima memoria RAM de 8 bytes. Esto quiere decir que sólo disponemos de 8 "huecos", "casillas", posiciones o direcciones de memoria.
Podemos pensar en la memoria RAM como en un montón de buzones de correo apilados.
Si queremos acceder a una de estas direcciones para recuperar el contenido o escribir algo necesitamos saber su dirección. Como sabemos, los ordenadores sólo utilizan ceros y unos para contar, así que con tres bits seremos capaces de direccionar toda la memoria:
Estas ternas de números binarios son en el sistema decimal:
Así que tendremos el buzón 0, el buzón 1, el buzón 2, ... hasta el buzón 7. Total, 8 buzones.
Si nos hubiésemos empeñado en numerar los buzones desde el número 1 no nos hubiesen bastado 3 bits (*), puesto que el número 8 en binario es 1000 (**).
Los mayoría de los lenguajes de programación trata las cadenas de texto de la misma forma. Por ejemplo, el lenguaje PHP (con el cual están programados estos blogs) tiene una función o instrucción para extraer parte de una cadena de texto:
substr('Contraseña', 1, 5) nos proporciona 5 caracteres de la palabra 'Contraseña' a partir de la posición 1, esto es, "ontra".
Como ven, también cuentan desde 0.
Notas
(*) Existe una regla muy sencilla para saber cuántas posiciones podemos abarcar con n bits: 2^n.
Un ordenador que funcione con 32 bits (los Pentium "clásicos", por ejemplo) podrá direccionar 2^32 = 4.294.967.296 direcciones, es decir, 4 Gigas de memoria. No compre más memoria que esta cantidad para su viejo Pentium. No podrá utilizarla.
(**) A los informáticos también se nos dan muy bien las potencias del número 2. Pregúntenle a un programador "¿cuanto es 2^10?". Seguro que le contesta con bastante rapidez ;-)
La primera vez que llamé no fui capaz de decirle las letras que me pedía hasta el tercer intento por lo menos. ¿Qué pasó?
Sencillo: estaba contando los caracteres como si estuviese programando, empezando por 0.
Normalmente, procederíamos así a la hora de contar (en la línea de arriba, la palabra, en la de abajo, la numeración o posiciones):
C | o | n | t | r | a | s | e | ñ | a
1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10
Sin embargo, un programador contará así:
C | o | n | t | r | a | s | e | ñ | a
0 | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9
Casi todos los lenguajes de programación y sistemas siguen este esquema: empezar a contar desde cero. ¿Por qué se hace de esta forma tan poco intuitiva?
La razón que me parece más sencilla es la siguiente: el número 0 también contiene información.
Cuando utilizamos los números naturales para contar empezamos con el 1 porque el 0 no tiene significado: si no hay nada que contar, no contamos. Si hay algo que contar, empezamos por la unidad: "una manzana, dos manzanas, ..."
Sin embargo en los ordenadores cuando contamos en realidad lo que estamos es enumerando direcciones o posiciones.
Vamos a ver un sencillo ejemplo:
Supongamos que tenemos una ínfima memoria RAM de 8 bytes. Esto quiere decir que sólo disponemos de 8 "huecos", "casillas", posiciones o direcciones de memoria.
Podemos pensar en la memoria RAM como en un montón de buzones de correo apilados.
Si queremos acceder a una de estas direcciones para recuperar el contenido o escribir algo necesitamos saber su dirección. Como sabemos, los ordenadores sólo utilizan ceros y unos para contar, así que con tres bits seremos capaces de direccionar toda la memoria:
000 - 001 - 010 - 011 - 100 - 101 - 110 - 111
Estas ternas de números binarios son en el sistema decimal:
0 - 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7
Así que tendremos el buzón 0, el buzón 1, el buzón 2, ... hasta el buzón 7. Total, 8 buzones.
Si nos hubiésemos empeñado en numerar los buzones desde el número 1 no nos hubiesen bastado 3 bits (*), puesto que el número 8 en binario es 1000 (**).
Los mayoría de los lenguajes de programación trata las cadenas de texto de la misma forma. Por ejemplo, el lenguaje PHP (con el cual están programados estos blogs) tiene una función o instrucción para extraer parte de una cadena de texto:
substr('Contraseña', 1, 5) nos proporciona 5 caracteres de la palabra 'Contraseña' a partir de la posición 1, esto es, "ontra".
Como ven, también cuentan desde 0.
Notas
(*) Existe una regla muy sencilla para saber cuántas posiciones podemos abarcar con n bits: 2^n.
- Con 3 bits podemos contar 2^3 = 8 posiciones, esto es, del 0 al 7.
- Con 4 bits podemos contar hasta 2^4=16 posiciones (del 0 al 15).
Un ordenador que funcione con 32 bits (los Pentium "clásicos", por ejemplo) podrá direccionar 2^32 = 4.294.967.296 direcciones, es decir, 4 Gigas de memoria. No compre más memoria que esta cantidad para su viejo Pentium. No podrá utilizarla.
(**) A los informáticos también se nos dan muy bien las potencias del número 2. Pregúntenle a un programador "¿cuanto es 2^10?". Seguro que le contesta con bastante rapidez ;-)
viernes, 18 de enero de 2008
La batalla de los formatos (3ª parte)
Hoy, formatos de documentos ofimáticos.
A finales de la década de los 80 uno de los programas más populares en todas las oficinas era el Word Perfect. Este programa era (y sigue siendo) un procesador de textos potente y muy completo que dominó el mercado. Por entonces el sistema operativo en los ordenadores personales era generalmente MS-DOS y al parecer, este programa funcionaba y se integraba muy bien con el sistema (escribo un poco de oídas, nunca utilicé el Word Perfect).
A principios de los 90, Microsoft publicó el sistema Windows y una versión de su procesador de textos, Microsoft Word, para este sistema. A la vez que Windows crecía en popularidad, Word (y la "suite" ofimática completa, Microsoft Office) pasó a ser el producto ofimático más utilizado.
En 1995 Microsoft publicó el sistema operativo Windows 95 y una versión actualizada de su suite ofimática, Office 7.0. En ese momento, ya era el producto dominante del mercado. Con el paso del tiempo, los formatos .doc (procesador de textos MS Word), .xsl (hoja de cálculo MS Excel) y .ppt (editor de presentaciones MS PowerPoint) se convirtieron en un estándar "de facto".
(Se rumorea que una posible razón del rápido éxito de los productos ofimáticos de Microsoft era la facilidad con la que se podían "piratear" estos programas. No recuerdo donde lo leí ...)
Mientras tanto, los productos competidores cada vez se utilizaban menos y sus desarrolladores se veían obligados a implementar la posibilidad de leer y escribir documentos en el formato (no documentado y propietario) de MS Office para no perder aún más usuarios. Lotus Smart Suite, WordPerfect Office, Star Office y otros productos cada vez eran menos utilizados.
Microsoft empezó a tener problemas legales a partir del año 2000 en EEUU y en la Unión Europea por abuso de su posición dominante en el mercado. En la Unión Europea y algunos estados de EEUU se empezó a considerar que utilizar como formato por defecto un producto propietario no era adecuado porque creaba una dependencia tecnológica indeseable.
Alternativas
En 2006 se aprobó por la ISO (International Standars Organization) el formato Open Document, basado en el formato interno utilizado por la suite ofimática Open Office. Apoyan este formato prácticamente todos los "grandes": IBM, Adobe, Sun MicroSystems, ...
Al ser un formato abierto y público rápidamente lo han implementado la mayor parte de programas y suites ofimáticas, excepto la suite de Microsoft (aunque existe un "añadido" para que pueda manejar este formato).
A finales del mismo año, Microsoft contraatacó presentando su propio formato de archivo ofimático, Office Open XML e intentando que también sea reconocido como estándar por la ISO. Las críticas no se hicieron esperar.
La jugada comercial parece clara: intentar que su propio formato sea reconocido como estándar para evitar problemas legales y poder seguir vendiendo su producto a organismos oficiales (un buen cliente) sin trabas.
En estos momentos el proceso de estandarización no está cerrado y Microsoft ha presionado todo lo que ha podido para conseguir que su especificación sea aceptada.
El problema es que Microsoft no ha esperado para empezar a utilizar este formato, aprobado por la ISO o no. La última versión de su producto, Office 2007 ya utiliza este formato por defecto (totalmente incompatible con versiones anteriores de Office).
La próxima vez que envíe un documento creado con Word 2007, observe si la extensión es .docx. Si es así, es muy probable que el receptor de este documento no lo pueda abrir si no tiene la última versión de Office (1). Creanmé: no todos usamos el MS Office ni mucho menos, su última versión.
(1) Casi todos los programas alternativos a Word pueden manejar el formato antiguo, el .doc de siempre, pero el nuevo .docx todavía no.
A finales de la década de los 80 uno de los programas más populares en todas las oficinas era el Word Perfect. Este programa era (y sigue siendo) un procesador de textos potente y muy completo que dominó el mercado. Por entonces el sistema operativo en los ordenadores personales era generalmente MS-DOS y al parecer, este programa funcionaba y se integraba muy bien con el sistema (escribo un poco de oídas, nunca utilicé el Word Perfect).
A principios de los 90, Microsoft publicó el sistema Windows y una versión de su procesador de textos, Microsoft Word, para este sistema. A la vez que Windows crecía en popularidad, Word (y la "suite" ofimática completa, Microsoft Office) pasó a ser el producto ofimático más utilizado.
En 1995 Microsoft publicó el sistema operativo Windows 95 y una versión actualizada de su suite ofimática, Office 7.0. En ese momento, ya era el producto dominante del mercado. Con el paso del tiempo, los formatos .doc (procesador de textos MS Word), .xsl (hoja de cálculo MS Excel) y .ppt (editor de presentaciones MS PowerPoint) se convirtieron en un estándar "de facto".
(Se rumorea que una posible razón del rápido éxito de los productos ofimáticos de Microsoft era la facilidad con la que se podían "piratear" estos programas. No recuerdo donde lo leí ...)
Mientras tanto, los productos competidores cada vez se utilizaban menos y sus desarrolladores se veían obligados a implementar la posibilidad de leer y escribir documentos en el formato (no documentado y propietario) de MS Office para no perder aún más usuarios. Lotus Smart Suite, WordPerfect Office, Star Office y otros productos cada vez eran menos utilizados.
Microsoft empezó a tener problemas legales a partir del año 2000 en EEUU y en la Unión Europea por abuso de su posición dominante en el mercado. En la Unión Europea y algunos estados de EEUU se empezó a considerar que utilizar como formato por defecto un producto propietario no era adecuado porque creaba una dependencia tecnológica indeseable.
Alternativas
En 2006 se aprobó por la ISO (International Standars Organization) el formato Open Document, basado en el formato interno utilizado por la suite ofimática Open Office. Apoyan este formato prácticamente todos los "grandes": IBM, Adobe, Sun MicroSystems, ...
Al ser un formato abierto y público rápidamente lo han implementado la mayor parte de programas y suites ofimáticas, excepto la suite de Microsoft (aunque existe un "añadido" para que pueda manejar este formato).
A finales del mismo año, Microsoft contraatacó presentando su propio formato de archivo ofimático, Office Open XML e intentando que también sea reconocido como estándar por la ISO. Las críticas no se hicieron esperar.
La jugada comercial parece clara: intentar que su propio formato sea reconocido como estándar para evitar problemas legales y poder seguir vendiendo su producto a organismos oficiales (un buen cliente) sin trabas.
En estos momentos el proceso de estandarización no está cerrado y Microsoft ha presionado todo lo que ha podido para conseguir que su especificación sea aceptada.
El problema es que Microsoft no ha esperado para empezar a utilizar este formato, aprobado por la ISO o no. La última versión de su producto, Office 2007 ya utiliza este formato por defecto (totalmente incompatible con versiones anteriores de Office).
La próxima vez que envíe un documento creado con Word 2007, observe si la extensión es .docx. Si es así, es muy probable que el receptor de este documento no lo pueda abrir si no tiene la última versión de Office (1). Creanmé: no todos usamos el MS Office ni mucho menos, su última versión.
(1) Casi todos los programas alternativos a Word pueden manejar el formato antiguo, el .doc de siempre, pero el nuevo .docx todavía no.
miércoles, 9 de enero de 2008
La batalla de los formatos (2ª parte)
Hoy: formatos de audio
Desde que se han popularizado los reproductores de audio portátiles con memorias flash (reproductores de MP3, para entendernos) nos hemos familiarizado bastante con el formato MP3, pero, ¿sabemos en qué consiste? ¿Conocemos alguna alternativa? Trataremos de arrojar un poco de luz sobre el asunto.
Hay dos formas de digitalizar el sonido: sin comprimir o con compresión, ésta a su vez puede ser sin pérdida y con pérdida.
Los formatos de audio sin comprimir guardan la información sonora tal cual la recogen, dependiendo la calidad de esta conversión principalmente de dos parámetros: la frecuencia de muestreo y el ancho de palabra o número de bits empleados en la cuantificación.
Muestreo y cuantificación son dos conceptos relativamente complejos, mencionaremos sólamente que cuanto mayor es la frecuencia de muestreo y mayor el número de bits empleados al cuantificar, mejor (o más fidedigno) es el proceso de conversión del sonido al formato digital. Por ejemplo, en los CDs de audio la frecuencia de muestreo es aproximadamente 44 kHz y el ancho de palabra utilizado es de 16 bits.
Los formatos de audio sin comprimir más conocidos son WAV (Waveform Audio Format), AIFF (Audio Interchange File Format) y AU. De ellos, el formato wav es el más conocido, principalmente por ser utilizado como formato de audio predominante en el sistema operativo Windows. Los otros dos formatostienen un ámbito de utilización más restringido [1], son utilizados en aplicaciones profesionales (sistemas de audio profesional, CDs de audio, ...) y en los sistemas operativos Macintosh y UNIX, respectivamente.
Estos formatos sin comprimir se caracterizan como ya hemos dicho por la alta fidelidad del sonido digitalizado (dependiendo siempre de los parámetros que mencionábamos anteriormente) y por ser bastante "pesados", esto es, ocupan mucho espacio.
Hemos grabado dos fragmentos de audio con dos frecuencias de muestreo diferentes en el mismo equipo, uno a 8 kHz y el otro a 48 kHz. El primero ocupa 92 KBytes, el segundo 432 KBytes (¡casi medio mega!), y el fragmento de audio apenas dura unos segundos. Comprueben la calidad de cada uno de ellos: 8khz.wav y 48khz.wav
Ya que el audio sin comprimir es muy pesado se han diseñado distintas formas de reducir el tamaño de los archivos de audio manteniendo más o menos la fidelidad del sonido. A este proceso se le denomina compresión.Si en el proceso de compresión (reducción de tamaño) se conserva toda la información sonora original, hablamos de formatos de compresión sin pérdida. No son los más conocidos, FLAC (Free Losssless Audio Codec) es, probablemente, el más importante.
Los formatos de audio comprimido con pérdida son aquellos en los que al tratar la muestra sonora original reducimos el tamaño sacrificando la fidelidad al utilizar una técnica llamada "codificación perceptual":
Los humanos no somos capaces de discriminar todos los sonidos que suenan simultáneamente cuando algunos son mucho más intensos que otros (enmascaramiento).
Si eliminamos de la muestra sonora estos sonidos enmascarados reduciremos la cantidad de información que guardamos (y por lo tanto el tamaño) sin que apreciemos pérdida alguna.
El problema es que el umbral de enmascaramiento no es el mismo para todas las personas. Un oído entrenado puede discernir sonidos en una mezcla que otros no pueden. Los algoritmos de codificación con pérdida no pueden tener en cuenta estas particularidades y utilizan modelos estadísticos.
El parámetro más importante en una compresión de audio es el "bitrate" o "tasa de bits". Cuanto mayor es éste valor, mayor fidelidad al original conseguimos (se suprimen menos sonidos), pero no se consigue tanta reducción de tamaño. Se utilizan tasas de 48 a 96 kbps (kilobits por segundo) para aplicaciones de baja fidelidad (voz, ...), tasas de 128 kbps para música con una calidad aceptable y de 192 kbps para una mayor calidad.
Se dice (rumorea) que un fragmento de música comprimido en MP3 a 256 kbps es prácticamente indistinguible del original, incluso para los oídos más finos y entrenados.
En los siguiente archivos hemos comprimido un fragmento de música desde un CD a diferentes tasas. Los tamaños de archivo son, respectivamente, 48 kB, 128 kB y 256 kB (curiosamente ha coincidido el tamaño del archivo con la tasa de compresión: si hubiese querido hacerlo adrede, no lo hubiera conseguido).
Escuchen los resultados: 48kbps.mp3 128kbps.mp3 256kbps.mp3 [2]
Los formatos de audio comprimido con pérdida más conocidos son los siguientes:
Estos dos últimos formatos (WMA y AAC) incorporan la posibilidad de limitar de alguna forma la reproducción de los archivos y el uso que se hace de ellos, principalmente para impedir copias y reproducciones no autorizadas.
Podemos decir que los formatos que incorporan tecnologías DRM (Digital Rights Management o Gestión de Derechos Digitales) limitan en cierto modo la libertad del usuario por un producto que ha pagado. Además, en algunos países (como en España) la copia privada de música (para uso personal y sin ánimo de lucro) está permitida y autorizada, por lo que estas tecnologías son bastante cuestionables desde el punto de vista legal.
Hasta que el formato Vorbis tenga una mayor implantación (algunos reproductores ya lo soportan), prefiero utilizar MP3 e ignorar estos formatos propietarios.
Que cada uno se informe y use lo que le convenga.
[1]: Corrección: como bien indica un lector en los comentarios, el formato AIFF es el que internamente se utiliza en los CDs de audio.
[2]: En otra entrada un lector me reprochaba el haber caído en el tópico facilón cuando escribí, medio en broma, medio en serio que "el mejor Jazz era el de los años 50". Para resarcirme un poco, el fragmento de ejemplo es un tema del primer disco de Joshua Redman (saxofonista), grabado en 1993.
[3]: Corrección: otro lector me ha indicado que Apple no diseñó el formato AAC.
Desde que se han popularizado los reproductores de audio portátiles con memorias flash (reproductores de MP3, para entendernos) nos hemos familiarizado bastante con el formato MP3, pero, ¿sabemos en qué consiste? ¿Conocemos alguna alternativa? Trataremos de arrojar un poco de luz sobre el asunto.
Hay dos formas de digitalizar el sonido: sin comprimir o con compresión, ésta a su vez puede ser sin pérdida y con pérdida.
Los formatos de audio sin comprimir guardan la información sonora tal cual la recogen, dependiendo la calidad de esta conversión principalmente de dos parámetros: la frecuencia de muestreo y el ancho de palabra o número de bits empleados en la cuantificación.
Muestreo y cuantificación son dos conceptos relativamente complejos, mencionaremos sólamente que cuanto mayor es la frecuencia de muestreo y mayor el número de bits empleados al cuantificar, mejor (o más fidedigno) es el proceso de conversión del sonido al formato digital. Por ejemplo, en los CDs de audio la frecuencia de muestreo es aproximadamente 44 kHz y el ancho de palabra utilizado es de 16 bits.
Los formatos de audio sin comprimir más conocidos son WAV (Waveform Audio Format), AIFF (Audio Interchange File Format) y AU. De ellos, el formato wav es el más conocido, principalmente por ser utilizado como formato de audio predominante en el sistema operativo Windows. Los otros dos formatos
Estos formatos sin comprimir se caracterizan como ya hemos dicho por la alta fidelidad del sonido digitalizado (dependiendo siempre de los parámetros que mencionábamos anteriormente) y por ser bastante "pesados", esto es, ocupan mucho espacio.
Hemos grabado dos fragmentos de audio con dos frecuencias de muestreo diferentes en el mismo equipo, uno a 8 kHz y el otro a 48 kHz. El primero ocupa 92 KBytes, el segundo 432 KBytes (¡casi medio mega!), y el fragmento de audio apenas dura unos segundos. Comprueben la calidad de cada uno de ellos: 8khz.wav y 48khz.wav
Ya que el audio sin comprimir es muy pesado se han diseñado distintas formas de reducir el tamaño de los archivos de audio manteniendo más o menos la fidelidad del sonido. A este proceso se le denomina compresión.Si en el proceso de compresión (reducción de tamaño) se conserva toda la información sonora original, hablamos de formatos de compresión sin pérdida. No son los más conocidos, FLAC (Free Losssless Audio Codec) es, probablemente, el más importante.
Los formatos de audio comprimido con pérdida son aquellos en los que al tratar la muestra sonora original reducimos el tamaño sacrificando la fidelidad al utilizar una técnica llamada "codificación perceptual":
Los humanos no somos capaces de discriminar todos los sonidos que suenan simultáneamente cuando algunos son mucho más intensos que otros (enmascaramiento).
Si eliminamos de la muestra sonora estos sonidos enmascarados reduciremos la cantidad de información que guardamos (y por lo tanto el tamaño) sin que apreciemos pérdida alguna.
El problema es que el umbral de enmascaramiento no es el mismo para todas las personas. Un oído entrenado puede discernir sonidos en una mezcla que otros no pueden. Los algoritmos de codificación con pérdida no pueden tener en cuenta estas particularidades y utilizan modelos estadísticos.
El parámetro más importante en una compresión de audio es el "bitrate" o "tasa de bits". Cuanto mayor es éste valor, mayor fidelidad al original conseguimos (se suprimen menos sonidos), pero no se consigue tanta reducción de tamaño. Se utilizan tasas de 48 a 96 kbps (kilobits por segundo) para aplicaciones de baja fidelidad (voz, ...), tasas de 128 kbps para música con una calidad aceptable y de 192 kbps para una mayor calidad.
Se dice (rumorea) que un fragmento de música comprimido en MP3 a 256 kbps es prácticamente indistinguible del original, incluso para los oídos más finos y entrenados.
En los siguiente archivos hemos comprimido un fragmento de música desde un CD a diferentes tasas. Los tamaños de archivo son, respectivamente, 48 kB, 128 kB y 256 kB (curiosamente ha coincidido el tamaño del archivo con la tasa de compresión: si hubiese querido hacerlo adrede, no lo hubiera conseguido).
Escuchen los resultados: 48kbps.mp3 128kbps.mp3 256kbps.mp3 [2]
Los formatos de audio comprimido con pérdida más conocidos son los siguientes:
- MP3
Es uno de los formatos más veteranos, extendidos y soportados. Probablemente sea el formato que adolece de más limitaciones técnicas de los cuatro.
Es un formato patentado por el Instituto Fraunhofer IIS. Esto quiere decir que cada cachivache o programa que maneja ficheros MP3 debe pagar a esta institución. Los usuarios no pagamos directamente, aunque supongo que una pequeña parte del precio que pagamos por nuestro aparatito debe ir destinado a abonar por la patente. - Vorbis
Formato que destaca principalmente por ser libre (sin patentes, de código abierto) e incorporar bastantes mejoras respecto al formato MP3. El principal lastre de este formato es que no está apoyado por ninguna compañía, por lo que no tiene tanta penetración en el mercado, aunque poco a poco ésta va aumentando. - WMA
Formato creado y apoyado por Microsoft. Destaca principalmente porque es el formato de audio comprimido "por defecto" en el sistema operativo Windows. - AAC
Formato creadopor Apple[3] por varias compañías (Dolby, Fraunhofer IIS, AT&T, Sony y Nokia) y utilizado intensivamente por Apple. Es el formato de audio predeterminado en algunas tiendas de música "on-line" y en los reproductores portátiles de la marca Apple (aunque pueden reproducir otros formatos).
Estos dos últimos formatos (WMA y AAC) incorporan la posibilidad de limitar de alguna forma la reproducción de los archivos y el uso que se hace de ellos, principalmente para impedir copias y reproducciones no autorizadas.
Podemos decir que los formatos que incorporan tecnologías DRM (Digital Rights Management o Gestión de Derechos Digitales) limitan en cierto modo la libertad del usuario por un producto que ha pagado. Además, en algunos países (como en España) la copia privada de música (para uso personal y sin ánimo de lucro) está permitida y autorizada, por lo que estas tecnologías son bastante cuestionables desde el punto de vista legal.
Hasta que el formato Vorbis tenga una mayor implantación (algunos reproductores ya lo soportan), prefiero utilizar MP3 e ignorar estos formatos propietarios.
Que cada uno se informe y use lo que le convenga.
[1]: Corrección: como bien indica un lector en los comentarios, el formato AIFF es el que internamente se utiliza en los CDs de audio.
[2]: En otra entrada un lector me reprochaba el haber caído en el tópico facilón cuando escribí, medio en broma, medio en serio que "el mejor Jazz era el de los años 50". Para resarcirme un poco, el fragmento de ejemplo es un tema del primer disco de Joshua Redman (saxofonista), grabado en 1993.
[3]: Corrección: otro lector me ha indicado que Apple no diseñó el formato AAC.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
